ENURESIS NOCTURNA

¿Qué es la enuresis nocturna?
La enuresis se define como el escape involuntario de orina durante el sueño, con una frecuencia superior a cuatro veces al mes en niños mayores de cinco años. Se debe a contracciones involuntarias de la vejiga, a alteraciones en la secreción nocturna de hormona antidiurética, etc

La enuresis marca la vida diaria de cerca de 475.000 niños/as. Se presenta con una mayor frecuencia en varones (2 veces más).

Causas
Hay muchos factores que pueden estar implicados, y se han formulado muchas teorías para explicar la incontinencia de los niños. Entre ellas, destacan:
• Mal entrenamiento del uso del baño.
• Retraso de la capacidad de mantener la orina (éste puede ser un factor hasta la edad de 5 años).
• Vejiga pequeña.
• Malas costumbres de sueño o la presencia de un trastorno del sueño.
• Un problema con el funcionamiento correcto de las hormonas que ayudan a regular la micción.
• Antecedentes familiares de enuresis.
• Influencia del frío, vacaciones escolares u otras circunstancias externas.
• Conflictos familiares.
• Nacimiento de un hermano o fallecimiento de un familiar.

Cómo se diagnostica
La enuresis se diagnostica normalmente basándose en la historia médica y en un examen físico del niño. Además se pueden realizar las siguientes pruebas para ayudar a descartar otras causas:

• Exámenes de orina (para asegurarse de que no haya una infección o enfermedad subyacente, como la diabetes).
• Medición de la tensión arterial.
• Análisis de sangre.
• Pruebas de imagen (Ecografía).

Tratamiento
La enuresis puede resolverse modificando ciertos hábitos, como consumir menos líquidos antes de acostarse o acostumbrar al niño a levantarse una vez por la noche. En los casos en que no se resuelven de forma espontánea, existen tratamientos médicos eficaces.

Evolución de la enfermedad
El 15% de los niños con enuresis suele superar este trastorno en el primer año de aparición del mismo, el 5% al cumplir los diez años y sólo un 1% sigue teniendo enuresis al cumplir los quince años. Normalmente, si uno de los padres ha padecido este problema, el hijo tiene un 45% de probabilidades de tenerlo, mientras que si no hay antecedentes paternos, el riesgo se reduce al 25%.

Consecuencias
Cuando no se lleva a cabo el tratamiento adecuado, el pequeño no sólo deja de realizar actividades normales, como ir a campamentos, quedarse a dormir en casa de un amigo, etc. En ocasiones, puede acabar padeciendo problemas psicológicos, inseguridad, baja autoestima, depresión y ansiedad.